La prohibición de las redes sociales en Australia es un experimento con grandes implicaciones
El siguiente artículo de opinión escrito por el director ejecutivo de Snap, Evan Spiegel, fue publicado en el Financial Times el 18 de febrero de 2026.
Hace dos meses, Australia implementó una restricción general sobre el uso de las redes sociales por parte de los adolescentes. La ley de edad mínima para redes sociales prohíbe a cualquier persona menor de 16 años acceder a determinadas “plataformas sociales”, como Facebook, Instagram, TikTok y Snapchat. Es un experimento masivo con grandes implicaciones, y el resto del mundo observa atentamente cómo los países de Europa y de otros lugares están considerando medidas similares.
Para cumplir con esta ley, hemos bloqueado o desactivado más de 415 000 cuentas australianas pertenecientes a personas que creemos que son menores de 16 años. Seguimos bloqueando cuentas a diario y estamos trabajando con el Comisionado australiano de seguridad electrónica para cumplir con los requisitos prescritos por esta ley.
Esto es lo que debería preocuparnos a todos: el cumplimiento de la ley no garantiza que los adolescentes australianos estén más seguros o mejor. Aún no es posible decirlo con certeza. Pero hay lagunas claras que ponen en duda la eficacia de la ley y creo que las desventajas aumentarán y serán más visibles con el tiempo.
Primero, la nueva ley solo regula plataformas seleccionadas, dejando sin regulación otras miles de apps, lo que significa que puede empujar a los adolescentes hacia alternativas menos seguras. Cuando los adolescentes pierdan el acceso a su canal de mensajería favorito, no dejarán de comunicarse, sino que buscarán otras formas de hablar, a través de apps menos conocidas que ofrecen menos protecciones de seguridad.
En segundo lugar, las realidades técnicas son desafiantes. Una prueba del gobierno de Australia descubrió que la tecnología de estimación de edad es muy imperfecta y a menudo está desactualizada entre dos y tres años, especialmente cuando se aplica a usuarios más jóvenes. Algunos menores de 16 años no serán reconocidos como tal. Algunos mayores de 16 años serán bloqueados incorrectamente. A la escala a la que operamos, será difícil lograr una precisión del 100 %.
En tercer lugar, despojar a los adolescentes de esta fuente de conexión puede no ser la opción más saludable. Una investigación publicada en Jama Pediatrics encontró que el uso moderado de las redes sociales parece apoyar el bienestar de los adolescentes, especialmente de los adolescentes australianos de 7º a 12º grado. Según esta investigación, el enfoque óptimo parece ser una interacción considerada y moderación, no una prohibición total.
A pesar de esta evidencia, si los gobiernos siguen decididos a implementar restricciones de edad estrictas, deberían intentar hacerlo de una manera que minimice las lagunas en la cobertura. Por eso hemos defendido la verificación de edad por parte de las tiendas de apps en lugar de las apps individuales, no porque apoyemos las prohibiciones para menores de 16 años, sino porque, si existe esta política, debe tener una implementación uniforme que proteja la privacidad y seguridad de los usuarios.
La verificación a nivel de tienda de apps crearía una señal de edad consistente por dispositivo y limitaría la frecuencia con la que se deben compartir los datos personales, reduciendo significativamente los riesgos de privacidad. Lo que es más importante, se aplica universalmente en todo el ecosistema digital.
Una alternativa aún mejor a las prohibiciones para menores de 16 años sería ayudar a desarrollar resiliencia digital y garantizar que los adolescentes tengan experiencias en línea apropiadas para su desarrollo.
Para ser claro, no creo que Snapchat deba ser sujeto a una prohibición en primer lugar. No creo que excluir a los adolescentes de estas relaciones los haga más seguros ni mejore su bienestar.
El tiempo será el árbitro final. Si el experimento de Australia produce pruebas claras de que este enfoque mejora realmente el bienestar de los jóvenes sin crear problemas mayores en otras partes, por supuesto lo reevaluaremos. Las buenas políticas y decisiones corporativas deben basarse en evidencia de alta calidad.
Por ahora, el mundo debería prestar atención y resistir el impulso de apresurarse a tomar medidas prematuras y performativas. Australia ha dado un paso experimental, pero no sabremos si es el paso correcto hasta dentro de un tiempo. La salud y la seguridad de los jóvenes son demasiado importantes como para actuar solo por intuición o miedo.
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